el viento, la alegría, el humo que en la mesa espera,
en silencio mientras el perro contento mueve la cola,
sentir la brisa de las estrellas,
no sólo ver los ojos de la amada,
si no besarlos sólo con la mirada.
Dejar que la tinta fluya llena de nostalgia,
en dirección a la luna, apuntándola,
culpándola de la desdicha de no tomarse la palabra,
sentir el aletear de los árboles,
que agradecen aquel error humano que lo engrandece,
porque brilla con luz propia, mientras el vielo revolotea en sus hojas.
Admitir que el aire es libre, y al cegarnos de ella,
no cegamos también de contemplar las cosas más bellas,
hasta que vuelva la normalidad,
donde el viento, el humo,la brisa,
las estrellas, el silencio, la tinta,
sigan de adornos,
ahí mismo,
tirados,
solos.
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